domingo, 4 de octubre de 2015

I Congreso Latinoamericano de Filosofías e Infancias: Grupo el Pensadero (conferencia)


Impresiones literarias sobre la infancia:
Esta conferencia fue dada por Carlos Skliar quien en primer lugar nos invitó a reflexionar sobre el por qué de la literatura en nuestras vidas. Estableció de esta manera que como seres humanos, leemos y escribimos para preservar vidas ajenas no solo en el presente, en el aquí, sino lejos y antes. Quiero citarlo a Carlos, con una frase que me parece muy cierta, y que me encantó el modo en que la formuló: “Precisamos de la literatura porque tenemos que salir de nuestras vidas convencionales”. Desde mi lugar de lectora asidua, coincido plenamente con ello, y puedo agregar que ese “escaparse” de la realidad a través de un libro es muy placentero, ya que significa permitirse imaginar, desconectarse, encontrar nuevos mundos, modos de expresarse, y conocerse a sí mismo.
A continuación habla de infancia como algo que ya no está, que no existe, que se fue y que difícilmente regrese. Por ello, al proponernos pensar cómo percibe un niño el mundo, cómo vive el niño en el mundo; también nos plantea un interrogante: “¿cómo percibir la infancia si se desvanece?”.
Responde a este interrogante estableciendo que nosotros mismos nos olvidamos de la infancia, de un momento a otro nos vamos olvidando de toda la vida, porque nos acostumbramos demasiado a la vida hacia adelante, queremos avanzar, conseguir los mejores puestos de trabajo, ser los mejores en todo. Cuando en realidad, la vida es hacia los costados.
Me pareció sumamente interesante esto que dijo el expositor, ya que pienso que vivimos en una sociedad que constantemente nos impulsa hacia adelante, sin mirar ni atrás, ni a los costados, sin mirar a los demás ni a la realidad en la que nos encontramos inmersos, e inconscientemente, entre tantos estímulos, tanta contaminación, tantas ganas de ser lo mejor de nosotros, nos vamos perdiendo, nos vamos olvidando de nuestra propia vida.
Luego de reflexionar en función a esto, nos invita a recorrer la infancia desde la literatura, a través de diferentes pasajes literarios.
La infancia es la memoria de la infancia-Regreso imposible:
Según Clarice Lispector: “¿Cómo conocer alguna vez a un niño? Para conocerlo tengo que esperar a que se deteriore, y recién entonces estará a mi alcance”.
Aquí de acuerdo a lo que dijo Carlos, esta idea tiene que ver con esperar a que ese niño se deteriore, a que se vuelva adulto para explicarlo. Resulta difícil comprender el hoy del niño, incluso para ese mismo niño. Esto nos lleva a posar la mirada en lo que podría llegar a ser, en su estado disfrazado.
Suma entonces que la escuela hace misión al deterioro, quisiera hacer otra cosa, pero insiste en fijar la niñez en un punto quieto, aletargado, frondoso en representaciones, inhábil para el encuentro.
Luego propone un fragmento de Walter Kohan: “Tal vez sea interesante precisar qué estamos otorgándole a la infancia cuando le damos un presente en el tiempo, sí un límite, una frontera, un instante, una duración, una intensidad, una posibilidad, una fuerza o alguna otra cosa”.
Y a partir de esta cita nos invita a pensar que el tiempo de los niños no es lineal, sobre todo para ellos mismos. No hay antes, durante y después en aquello que hacen los niños.
Y esta manera de comenzar la reflexión me parece sumamente interesante e importante. Quizá en el momento no pude dimensionar completamente lo que el expositor y los mencionados autores buscaban al definir la infancia, pero al volver sobre mis notas y replantearme esto, pensando en mi futura profesión creo que lo fundamental es que un niño no es tanto lo que podría llegar a ser, sino y fundamentalmente lo que está haciendo en un momento dado.
Al mismo tiempo, creo que en ocasiones, interrumpimos el tiempo de los niños preguntando y repreguntando, cuando muchas veces es innecesario. A veces buscamos que los niños pongan en palabras determinadas cosas que ya habían pronunciado con un comentario, un gesto, una acción, un movimiento. Y esto es así porque el lenguaje del adulto siempre quiere más explicación, pero entonces en nuestro afán por hacerlos hablar e intercambiar constantemente terminamos ofreciendo una conversación que nos es imposible sostener.
Pienso que es esencial dejar de ver al niño como lo que podría llegar a ser, para comenzar a verlo como lo que realmente es, un alumno, pero también y fundamentalmente, un niño.
Dicha-desdicha/ Felicidad-infelicidad:
En este punto se propone hacer un recorrido sobre la concepción y definiciones de infancia escritas por diversos autores, tanto en novelas como en cuentos.
Novela “Mea culpa”: “Tengo la impresión de haber vuelto a mi más tierna infancia y haber sido llamada al despacho de mi padre…”; “No sé qué encantos le ve todo el mundo a su propia infancia. Lo único que siento yo es un alivio inmenso de haberla dejado atrás. Cuanto más vieja me hago, más me alegro, porque estoy cada vez más lejos de ella. La peor desgracia que podría sucederme sería encontrarme otra vez metida en mis vestiditos de niña, con esa terrible sensación de desamparo”.
Presenta a la infancia entonces como un término ambiguo, como la ambigüedad de una imagen clarobscura. Por un lado hablamos de una infancia tierna, hermosa de recordar, y por otro lado, como algo que preferimos dejar en el pasado, de alguna manera “enterrarlo bajo tierra”. Y se ve en ambos pasajes de una misma novela esta idea que plantea el expositor, de una infancia colmada de dicha y desdicha, felicidad e infelicidad.
A continuación hace mención al cuento “Matar a un niño”, en el cual ya desde el título y el primer párrafo del mismo se sabe que un niño muere, en un día pleno de dicha tanto para el niño, como para su familia, como para quien sin darse cuenta termina con su vida atropellándolo.
Dejo a continuación uno de los fragmentos que citó, que creo que de algún modo invita a la reflexión y en cual se ve claramente esta imagen ambigua que nos plantea Carlos:
“¿Por qué la vida está construida con tanta crueldad, que un minuto antes de que un hombre feliz mate a un niño, todavía es feliz y un minuto antes de que una mujer grite de horror, puede cerrar los ojos y soñar en el ancho mar, y durante el último minuto de la vida de un niño pueden sus padres estar sentados en una cocina y esperar el azúcar y hablar sobre los dientes blancos de su hijo y sobre un paseo en bote, y el niño mismo puede cerrar una verja y empezar a atravesar un camino con algunos terrones en la mano derecha envueltos en papel blanco; y durante este último minuto no ver otra cosa que un largo y brillante riachuelo con grandes peces y un ancho bote con callados remos?”.

Luego hace un breve comentario sobre la novela “La desolación”, en la cual un padre aborrece a su hijo porque éste es feliz, diciéndole entre otras cosas: “Te habría preferido criminal o terrorista antes que militante de la felicidad”.

Vemos en esta frase que este padre entiende que la desesperación es más importante que la felicidad. Que esta última de algún modo mata o anula a la primera, que para él, de acuerdo a lo que plantea el expositor: “nos mantiene lúcidos, vivos, con la pasión llena de rabia que es precisa para vivir dentro del mundo, que este hombre ve como una trampa”. 
En cierto modo, desde esta perspectiva que considero errónea, no se puede vivir, y alcanzar los mayores logros si se es feliz.


Obediencia-desobediencia:

Explica este punto diciendo que tiene que ver con la hipérbole de la infancia, con las atmósferas: jugar, trabajar, tener o no tener tiempo. Los niños entran al mundo como expresión de lo nuevo y deben, cada vez más rápido, hacerse viejos: trabajar, adecuarse, normalizarse, vivir en las grandes ciudades, hablar por hablar, informarse y opinar.
Menciona para ampliar su explicación al libro “Cosas de niños”, en el cual se puede observar cómo el adulto de algún modo le dice basta al niño con frases como: “no todo es juego”; “cuándo vas a comenzar a tomarte las cosas en serio”; entre otras.
Lo que ocurre entonces, es la interrupción de la niñez y de la infancia. Se trata de educarse, para entrar en un cierto mundo, hacerse duro, aprender las materias que nos dan.
Habla también del niño salvaje de Aveyron a fin de comprender en mayor medida la idea de interrupción: no era lobo, sino niño. Entonces lo enderezaron, lo aislaron para enseñarle a humanizarse.
Y finalmente vuelve a esta idea de la hipérbole, sosteniendo que es algo que en un momento dado nos sucede a todos los seres humanos y que tiene que ver con esa necesidad de recordar volver al mundo, recuperar la atmósfera, volver a la infancia, empezar desde el principio como un niño pequeño, a esa ilusión de volver a ser niños ya que el tiempo se lo lleva todo. El ser humano siente angustia de la infancia, todos quieren ser niños y no adultos, no se quiere asumir responsabilidades.
Coincido plenamente con este último pasaje, tan cierto, tan intenso. A veces no solo de la infancia, sino de toda la vida que vamos dejando atrás, sentimos nostalgia por el tiempo perdido, por lo que hicimos o dejamos de hacer.
Pienso que no tenemos que olvidarnos de que los niños son niños, y de esta manera es como vamos a evitar acelerar su desarrollo, no se trata de adultos pequeños, se trata de niños, no tenemos que verlos como lo que van a ser en un futuro sino como lo que son en el aquí y ahora. Creo que eso es la base de todo. Desde mi rol reflexiono en torno a esta idea, y pienso que educar no significa “adultizar”, sino ofrecer aprendizajes significativos que coincidan y tengan en cuenta el nivel evolutivo de cada uno de los niños, y a eso es a lo que apuesto como futura docente.
Y tampoco ser adultos significa endurecernos, dejar de ser tiernos, olvidarnos de lo lúdico y lo placentero. Quizá sea la vorágine de la gran ciudad, de cada día, que en ocasiones nos lleva a eso, y el hecho de jugar o realizar alguna actividad placentera no nos hace menos adultos, sino todo lo contrario.


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