Impresiones literarias sobre la infancia:
Esta conferencia fue dada
por Carlos Skliar quien en primer lugar nos invitó a reflexionar sobre el por
qué de la literatura en nuestras vidas. Estableció de esta manera que como
seres humanos, leemos y escribimos para preservar vidas ajenas no solo en el
presente, en el aquí, sino lejos y antes. Quiero citarlo a Carlos, con una
frase que me parece muy cierta, y que me encantó el modo en que la formuló: “Precisamos
de la literatura porque tenemos que salir de nuestras vidas convencionales”.
Desde mi lugar de lectora asidua, coincido plenamente con ello, y puedo agregar
que ese “escaparse” de la realidad a través de un libro es muy placentero, ya
que significa permitirse imaginar, desconectarse, encontrar nuevos mundos,
modos de expresarse, y conocerse a sí mismo.
A continuación habla de
infancia como algo que ya no está, que no existe, que se fue y que difícilmente
regrese. Por ello, al proponernos pensar cómo percibe un niño el mundo, cómo
vive el niño en el mundo; también nos plantea un interrogante: “¿cómo percibir
la infancia si se desvanece?”.
Responde a este
interrogante estableciendo que nosotros mismos nos olvidamos de la infancia, de
un momento a otro nos vamos olvidando de toda la vida, porque nos acostumbramos
demasiado a la vida hacia adelante, queremos avanzar, conseguir los mejores
puestos de trabajo, ser los mejores en todo. Cuando en realidad, la vida es
hacia los costados.
Me pareció sumamente
interesante esto que dijo el expositor, ya que pienso que vivimos en una
sociedad que constantemente nos impulsa hacia adelante, sin mirar ni atrás, ni
a los costados, sin mirar a los demás ni a la realidad en la que nos
encontramos inmersos, e inconscientemente, entre tantos estímulos, tanta
contaminación, tantas ganas de ser lo mejor de nosotros, nos vamos perdiendo,
nos vamos olvidando de nuestra propia vida.
Luego de reflexionar en
función a esto, nos invita a recorrer la infancia desde la literatura, a través
de diferentes pasajes literarios.
La infancia es la memoria de la infancia-Regreso imposible:
Según Clarice Lispector: “¿Cómo
conocer alguna vez a un niño? Para conocerlo tengo que esperar a que se
deteriore, y recién entonces estará a mi alcance”.
Aquí de acuerdo a lo que
dijo Carlos, esta idea tiene que ver con esperar a que ese niño se deteriore, a
que se vuelva adulto para explicarlo. Resulta difícil comprender el hoy del
niño, incluso para ese mismo niño. Esto nos lleva a posar la mirada en lo que
podría llegar a ser, en su estado disfrazado.
Suma entonces que la
escuela hace misión al deterioro, quisiera hacer otra cosa, pero insiste en
fijar la niñez en un punto quieto, aletargado, frondoso en representaciones,
inhábil para el encuentro.
Luego propone un fragmento
de Walter Kohan: “Tal vez sea interesante precisar qué
estamos otorgándole a la infancia cuando le damos un presente en el tiempo, sí
un límite, una frontera, un instante, una duración, una intensidad, una
posibilidad, una fuerza o alguna otra cosa”.
Y a partir de esta cita
nos invita a pensar que el tiempo de los niños no es lineal, sobre todo para
ellos mismos. No hay antes, durante y después en aquello que hacen los niños.
Y esta manera de comenzar
la reflexión me parece sumamente interesante e importante. Quizá en el momento
no pude dimensionar completamente lo que el expositor y los mencionados autores
buscaban al definir la infancia, pero al volver sobre mis notas y replantearme
esto, pensando en mi futura profesión creo que lo fundamental es que un niño no
es tanto lo que podría llegar a ser, sino y fundamentalmente lo que está
haciendo en un momento dado.
Al mismo tiempo, creo que
en ocasiones, interrumpimos el tiempo de los niños preguntando y repreguntando,
cuando muchas veces es innecesario. A veces buscamos que los niños pongan en
palabras determinadas cosas que ya habían pronunciado con un comentario, un
gesto, una acción, un movimiento. Y esto es así porque el lenguaje del adulto
siempre quiere más explicación, pero entonces en nuestro afán por hacerlos
hablar e intercambiar constantemente terminamos ofreciendo una conversación que
nos es imposible sostener.
Pienso que es esencial
dejar de ver al niño como lo que podría llegar a ser, para comenzar a verlo
como lo que realmente es, un alumno, pero también y fundamentalmente, un niño.
Dicha-desdicha/ Felicidad-infelicidad:
En este punto se propone
hacer un recorrido sobre la concepción y definiciones de infancia escritas por
diversos autores, tanto en novelas como en cuentos.
Novela “Mea culpa”: “Tengo la impresión de haber vuelto a mi más tierna infancia y haber
sido llamada al despacho de mi padre…”; “No sé qué encantos le ve todo el mundo
a su propia infancia. Lo único que siento yo es un alivio inmenso de haberla
dejado atrás. Cuanto más vieja me hago, más me alegro, porque estoy cada vez
más lejos de ella. La peor desgracia que podría sucederme sería encontrarme
otra vez metida en mis vestiditos de niña, con esa terrible sensación de
desamparo”.
Presenta a la infancia
entonces como un término ambiguo, como la ambigüedad de una imagen clarobscura.
Por un lado hablamos de una infancia tierna, hermosa de recordar, y por otro
lado, como algo que preferimos dejar en el pasado, de alguna manera “enterrarlo
bajo tierra”. Y se ve en ambos pasajes de una misma novela esta idea que
plantea el expositor, de una infancia colmada de dicha y desdicha, felicidad e
infelicidad.
A continuación hace
mención al cuento “Matar a un niño”, en el cual ya desde el título y el primer
párrafo del mismo se sabe que un niño muere, en un día pleno de dicha tanto
para el niño, como para su familia, como para quien sin darse cuenta termina
con su vida atropellándolo.
Dejo a continuación uno de
los fragmentos que citó, que creo que de algún modo invita a la reflexión y en
cual se ve claramente esta imagen ambigua que nos plantea Carlos:
“¿Por qué la vida está construida con tanta crueldad, que un minuto antes de que un hombre feliz mate a un niño, todavía es feliz y un minuto antes de que una mujer grite de horror, puede cerrar los ojos y soñar en el ancho mar, y durante el último minuto de la vida de un niño pueden sus padres estar sentados en una cocina y esperar el azúcar y hablar sobre los dientes blancos de su hijo y sobre un paseo en bote, y el niño mismo puede cerrar una verja y empezar a atravesar un camino con algunos terrones en la mano derecha envueltos en papel blanco; y durante este último minuto no ver otra cosa que un largo y brillante riachuelo con grandes peces y un ancho bote con callados remos?”.
Luego hace un breve comentario sobre la novela “La desolación”, en la cual un padre aborrece a su hijo porque éste es feliz, diciéndole entre otras cosas: “Te habría preferido criminal o terrorista antes que militante de la felicidad”.
Vemos en esta frase que este padre entiende que la desesperación es más importante que la felicidad. Que esta última de algún modo mata o anula a la primera, que para él, de acuerdo a lo que plantea el expositor: “nos mantiene lúcidos, vivos, con la pasión llena de rabia que es precisa para vivir dentro del mundo, que este hombre ve como una trampa”.
En cierto modo, desde esta perspectiva que considero errónea, no se puede vivir, y alcanzar los mayores logros si se es feliz.
Obediencia-desobediencia:
Explica este punto
diciendo que tiene que ver con la hipérbole de la infancia, con las atmósferas:
jugar, trabajar, tener o no tener tiempo. Los niños entran al mundo como
expresión de lo nuevo y deben, cada vez más rápido, hacerse viejos: trabajar,
adecuarse, normalizarse, vivir en las grandes ciudades, hablar por hablar,
informarse y opinar.
Menciona para ampliar su
explicación al libro “Cosas de niños”,
en el cual se puede observar cómo el adulto de algún modo le dice basta al niño
con frases como: “no todo es juego”;
“cuándo vas a comenzar a tomarte las cosas en serio”; entre otras.
Lo que ocurre entonces, es
la interrupción de la niñez y de la infancia. Se trata de educarse, para entrar
en un cierto mundo, hacerse duro, aprender las materias que nos dan.
Habla también del niño
salvaje de Aveyron a fin de comprender en mayor medida la idea de interrupción:
no era lobo, sino niño. Entonces lo enderezaron, lo aislaron para enseñarle a
humanizarse.
Y finalmente vuelve a esta
idea de la hipérbole, sosteniendo que es algo que en un momento dado nos sucede
a todos los seres humanos y que tiene que ver con esa necesidad de recordar
volver al mundo, recuperar la atmósfera, volver a la infancia, empezar desde el
principio como un niño pequeño, a esa ilusión de volver a ser niños ya que el
tiempo se lo lleva todo. El ser humano siente angustia de la infancia, todos quieren
ser niños y no adultos, no se quiere asumir responsabilidades.
Coincido plenamente con
este último pasaje, tan cierto, tan intenso. A veces no solo de la infancia,
sino de toda la vida que vamos dejando atrás, sentimos nostalgia por el tiempo
perdido, por lo que hicimos o dejamos de hacer.
Pienso que no tenemos que
olvidarnos de que los niños son niños, y de esta manera es como vamos a evitar
acelerar su desarrollo, no se trata de adultos pequeños, se trata de niños, no
tenemos que verlos como lo que van a ser en un futuro sino como lo que son en
el aquí y ahora. Creo que eso es la base de todo. Desde mi rol reflexiono en
torno a esta idea, y pienso que educar no significa “adultizar”, sino ofrecer
aprendizajes significativos que coincidan y tengan en cuenta el nivel evolutivo
de cada uno de los niños, y a eso es a lo que apuesto como futura docente.
Y tampoco ser adultos
significa endurecernos, dejar de ser tiernos, olvidarnos de lo lúdico y lo
placentero. Quizá sea la vorágine de la gran ciudad, de cada día, que en
ocasiones nos lleva a eso, y el hecho de jugar o realizar alguna actividad
placentera no nos hace menos adultos, sino todo lo contrario.