domingo, 3 de mayo de 2015
"La docencia como figura de la amistad".
Darío Sztajnszrajber en su conferencia, nos invita a reflexionar en torno al vínculo docente-alumno, y a la forma de construcción del conocimiento; en el marco de las profundas transformaciones en las cuales nos encontramos inmersos.
Nos propone problematizar en función a ésto, a fin de visualizar las múltiples perspectivas que se pueden abrir y que nos permitirán continuar reflexionando sobre éste vínculo, y al mismo tiempo, comprender, en palabras de Darío “que no hay una sola verdad, un sólo absoluto, ni una única manera de hacer las cosas”.
Procurando filosofar en función al tema en cuestión, parte de una serie de interrogantes, tales como: "¿Cuál es el tipo de vínculo que uno piensa entre el docente y el alumno? ¿Cuál es el lugar que ocupa el docente con su propia otredad?".
Me parece interesante y muy acertada la manera en que da respuesta a las preguntas formuladas, estableciendo que el docente, constituye al alumno como un otro y de esta manera, se coloca en un lugar de hegemonía, que lleva a que ese otro se constituya en débil.
Esto me lleva a pensar la necesidad de replantearnos nuestra labor cotidiana, teniendo en cuenta que nuestra manera de relacionarnos en el aula, tiene que ver con nuestra propia concepción del saber, con lo que consideramos como válido o no, con lo que entendemos como “amistad”, con lo que pensamos son los principios que hacen a la docencia, y con el sentido común con que nos manejamos.
Continuando con mi reflexión, me pregunto: ¿A qué se refiere Darío al hablar de amistad? ¿Qué implicaría éste tipo de relación en el aula?
En ese sentido, primero nos dice que el común de la gente piensa que el hablar de amistad en una institución educativa implica una falta de distancia, en la cual se desdibujan los límites y nuestra manera de “ejercer el poder”, entra en crisis. Desde ésta perspectiva, la transmisión de conocimientos y valores se ve afectada.
En lo personal, considero que se trata de una postura muy conservadora, en donde el docente es visto como propietario del saber, y los alumnos no ocupan el lugar de protagonismo que realmente merecen, limitándose a incorporar todo aquello que les es transmitido.
Por su parte, Darío la cataloga también como una postura propia de otro tiempo, y se propone hablar de amistad, invitándonos a problematizar ésta idea, a partir de un breve recorrido por las definiciones dadas por diferentes filósofos (Aristóteles, Nietzsche, Montaigne, Epicuro…).
En dicho recorrido, el eje central de toda la discusión se encuentra en lo que Aristóteles establece como las características de la amistad: confianza, semejanza y reciprocidad.
Entonces, me pregunto: ¿cómo pensar la escuela así? ¿cómo ser docente hoy en día? ¿qué es ser amigo? ¿de qué manera podrían estar presentes éstas tres características en la relación docente-alumno?
Darío nos plantea que pensar la amistad implica pensar la relación con el que nos excede, y en cómo nos vinculamos con nuestra diferencia. En el aula, ese otro que se nos presenta es el alumno. Teniendo en cuenta esto, nos invita a pensar y replantearnos nuestra relación con los alumnos, vinculando en su discurso el pensamiento de los filósofos con los términos amistad, confianza, semejanza y reciprocidad.
Nos plantea la idea de hablar de amistad partiendo del hecho de que ni los docentes eligen a sus alumnos, ni los alumnos a sus docentes; pero que sí tienen la necesidad de compartir un tramo que más adelante se bifurcará. Notamos aquí la ausencia de la semejanza, el docente no elige a su alumno como su amigo porque es un otro como él, que se asemeja a lo que él es, y lo mismo podemos decir en cuanto al alumno. Seguramente haya intereses distintos, cosas que a uno no le cierren del otro, etc.
En cuanto a la confianza nos dice que tenemos que comprender que el saber se transmite a través de ella: “si no hay confianza, no hay amistad pero tampoco hay práctica docente, no hay posibilidad de que llegue medio conocimiento si en el alumno no hay confianza, una apertura a lo que el otro, el docente puede otorgar”. “Si se genera la transferencia los contenidos después no importan. Cualquier contenido puede circular en la medida en que el campo esté abierto para eso”.
Al hablar de reciprocidad, Darío cuestiona mucho esta idea, pues sostiene que ésta en cierta medida se vuelve estratégica, uno da para recibir, y ahí se está alejando de la idea de la amistad. Dice en función a ello que se trata de una lectura del término en cuestión, muy mercantilizada que tampoco nos ayuda a comprender la idea del docente como un amigo.
Me parece muy interesante la manera en que éste filósofo nos invita a filosofar con el, y cómo en lo personal, me ayudó a correr ciertos prejuicios que tenía por una concepción de amistad que estaba muy instalada en mi. Al mismo tiempo, pude comprender la importancia de reinventarnos a nosotros mismos, redefinirnos, asumir nuestra propia debilidad, para evitar colocarnos en un lugar de superioridad, definitivo y cerrado. Comprendí la importancia de corrernos de ese lugar tradicional de poder para pensar que hay una prioridad del otro, y que el otro es el alumno, a quien no tenemos que tratar de asemejar a nosotros mismos, ni establecer relaciones de reciprocidad.
Para cerrar, me gustaría dejar una frase de Darío y luego presentar las preguntas de cierre de la conferencia:
"A los alumnos hay que inspirarlos, entendiendo inspirar como algo más que motivar, no hay algo que se da para que vuelva, la inspiración pasa por otro lado, pasa por una actitud con la que uno encara sus prácticas constantes y entonces genera en el otro algún tipo de apertura. La idea de la inspiración en donde el docente cambia el lugar en el que esta parado y se presenta así mismo como alguien que está pensando con el otro, recibiendo del otro y en esa recepción, redefiniéndose a sí mismo.”
Las preguntas de cierre que nos propone para seguir pensando, reflexionando, filosofando y problematizando nuestro rol como docentes, son:
“¿A quién no le estamos abriendo la puerta como docentes y de esa manera no nos estamos, en algún sentido, animando a repensarnos a nosotros mismos? Y ¿cómo desde ese lugar construimos un imaginario de lo que es un alumno, de lo que es un aula, de lo que es un sistema educativo, que al final de cuentas no hace otra cosa que estaquearnos en lo que somos y privarnos en ese mismo acto de lo más rico que tiene la labor docente que es la apertura infinita a la necesidad del otro?”.
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